¿Y QUÉ DIABLOS HACEMOS CON LAS PALABROTAS?

La tentación de escribir como hablamos a veces es muy grande. Mirá en qué conexto se pueden usar y qué contexto no.

En la ficción:

Las groserías hacen parte de nuestra vida cotidiana, por eso aquellas historias que quieran ser realistas pueden incluir una dosis de maldiciones aquí y allá. Puede que a la gente de cierta edad le moleste encontrarlas en la medida en la que van leyendo, y esto tiene mucho que ver con la forma en la que la censura ha ido evolucionando. Sin embargo hay que ser honestos: ninguno de nosotros se comería el cuento de un pirata bien hablado que diga por favor y gracias mientras asalta alguno que otro barco.

Si vas a escribir una historia es bueno que seas honesto contigo y con tu público y sepas que en este mundo y en cualquier otro mundo que se pueda crear, al menos un personaje va a terminar maldiciendo.

Sin embargo, no creas que te estamos presionando para que escribas malas palabras, si en tu historia no caben las groserías, no va a pasar nada. Cuando escribes es muy importante que te sientas cómodo con lo que haces.

No ficción:

En los últimos años se han publicado una buena cantidad de libros cuyos títulos contienen un asterisco.

Un ejemplo puede ser “El pequeño libro de las grandes c*#das: 220 momentos de la historia que no debieron haber sucedido”. Esto demuestra que nuestra sociedad todavía no está lista para portadas de libros sin censura, pero su contenido está libre de tachas para aquel que tenga el valor suficiente de leerlo.

Muy pocos editores permiten las groserías en libros dirigidos a menores, pero se puede pensar que los niños y los jóvenes van a encontrar este tipo de palabras en su vida diaria de todos modos. Es mucho más preocupante que se topen con escenas de sexo explícito o con escenas de violencia que con un par de palabras fuertes.

De nuevo, si escoges escribir un texto de no ficción y consideras que una que otra maldición le viene bien a tu trabajo, adelante.

Periodismo y publicaciones Online

Las publicaciones populares impresas así como sus versiones online no aceptan ningún tipo de grosería en sus artículos. Esto es principalmente porque de hacerlo perderían su solemnidad y con ella a varios de sus suscriptores, lo que a la larga se reflejaría en pérdidas económicas. Si sienten necesario citar alguna frase que contenga una palabra obscena, la censuran mediante asteriscos u otro tipo de marcaciones. También hay ocasiones en las que parafrasean la palabra en cuestión.

Otras publicaciones dirigidas a un público más enfocado permiten el uso de este tipo de palabras con el fin de dar un efecto cómico o dramático a la noticia. Puede que pienses que estas medidas son inapropiadas o excesivas, pero eso solo demuestra que ese tipo de publicaciones no van dirigidas a ti.

Tanto los periódicos o las revistas, así sean impresas u online, son productos comerciales, y sus editores determinarán qué tipo de contenido es aceptable para su audiencia. Quienes se dedican a escribir contenidos para un nicho específico o quienes crean materiales propios como lo es un blog, tienen toda la libertad de decidir si usan palabrotas o no.

Imagen: Peter Massas (via Flickr)
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